Música
Cuando éra jóven y vivía en la casa paterna, mi padre compró un órgano Wurtlitzer, yo fui el único que siguió su afición por la música. Aprendí algunos temas, luego lo vendió por problemas financieros y yo seguí practicando con la armónica.
Ya de mayor, y con mi padre viviendo en mi casa, compré una organeta Yamaha, él alcanzó a disfrutar por un buen tiempo antes de fallecer. Yo he retomado la práctica en las noches, algo se avanza, despacio y con calma; lo tomo como un ejercicio para la memoria y una satisfacción de logro por paciencia y práctica. Sigo tocando apenas menos de diez temas musicales, pero el placer es incomparable.
La música representa para mí un arte creado por el ser humano que transmite hermosura (con muchas excepciones, especialmente en los últimos 10 años) y un lenguaje sonoro único pero que percibo universal. La expresión más bella del hombre.

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